martes, 25 de septiembre de 2012

Manga - Doubt





  • Nombre: Doubt - Rabbit Doubt
  • Tipo: Manga
  • Genero: Shonen, Misterio, Gore
  • Autor (a): Yoshiki Tonogi
  • Idioma: Español
  • Fansub: Paradise library no Fansub & Onigiri Diabolico
  • Web del Fansub:  http://plfansub.forum-2007.com/ & ???????
  • Estado: Terminado
  • Tomos: 04
  • Capítulos: 20
  • Servidor: 4Shared - 2Shared

Hola, a todos nuevamente quiero compartir con ustedes este manga bastante singular, y que en cierta forma me recordó la película de Saw además de que no me esperaba el final, bueno a continuacion les dejo una pequeña sinopsis

Sinopsis:

Doubt es un juego muy popular en linea en el cual hay un grupo de conejos, pero entre ellos se encuentra un lobo disfrazado, los conejos tiene que descubrir quien es el lobo pero cada turno que pase y el lobo no sea encontrado matara a un conejo.

Un grupo de jóvenes que juega en linea decide conocerse en la vida real, pero que pasa cuando uno de ellos lleva el juego a la vida real, podrán descubrir quien de ellos es el lobo??





Capitulo 01 - 4Shared - 2Shared

Capitulo 02 - 4Shared - 2Shared

Capitulo 03 - 4Shared - 2Shared

Capitulo 04 - 4Shared - 2Shared


Capitulo 05 - 4Shared - 2Shared

Capitulo 06 - 4Shared - 2Shared

Capitulo 07 - 4Shared - 2Shared

Capitulo 08 - 4Shared - 2Shared

Capitulo 09 - 4Shared - 2Shared

Capitulo 10 - 4Shared - 2Shared


Capitulo 11 - 4Shared - 2Shared - 

Capitulo 12 - 4Shared - 2Shared - 

Capitulo 13 - 4Shared - 2Shared - 

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Capitulo 15 - 4Shared - 2Shared - 

Capitulo 16 - 4Shared - 2Shared - 


Capitulo 17 - 4Shared - 2Shared - 

Capitulo 18 - 4Shared - 2Shared - 

Capitulo 19 - 4Shared - 2Shared - 

Capitulo 20 - 4Shared - 2Shared - 


lunes, 24 de septiembre de 2012

Bishoujo del Mes - Kanu Unchou

Kanu Unchou



Hola a todos, por que estoy con la igualdad de genero no solo quiero poner Bishonen si no tambien Bishojo, por que hay que aceptar que tambien hay muchas chicas lindas en el anime (demasiadas), y empezare con una bishojo que ami me encanta en lo personal que es Kana Unchou del anime Ikkitousen, debo admitir que me gusta más el primer diseño de la primer temporada que el de las otras.


viernes, 21 de septiembre de 2012

Bishounen del Mes - Ichimoku Ren


Ichimoku Ren



Hola a todas (os), quiero empezar con el primer Bishonen de muchos espero, es nada más ni nada menos que Ren de la serie de Jigoku Shojo, de por si este personaje es lindo y en esta imagen se ve taaan divino.



jueves, 20 de septiembre de 2012

Anime - Jigoku Shoujo

Jigoku Shoujo
(Chica Infernal)


Sinopsis:

Se rumora, que en el Internet existe una pagina en la cual solo puedes accesar a ella a las 12:00 a.m.
y solo aquellas personas que quieren vengarse, al aparecer la pagina debes escribir el nombre de la persona de quien deseas vengarte y mandarlo, después de eso llega a tu celular la confirmación de que tu petición a sido aceptada, al poco tiempo Enma Ai aparecerá ante ti para explicarte las condiciones de tu pedido, "la persona sera llevada de inmediato al infierno, pero el maldecir una persona estas cavando dos tumbas, tu alma ira al infierno al morir no podrás alcázar el cielo nunca" dejando te con una visión de como sera el infierno y un muñeco negro con un hilo rojo al desalarlo estas pactando y aceptando las condiciones de Enma Ai.

Opinión Personal:

Este es un buen anime para una tarde y verlo tranquilo, en si no tiene una gran trama compleja de hecho los primeros capítulos es muy repetitivo, una persona que sufre por otra entra, entra al correo infernal y manda al malo al infierno, me gusto mucho el diseño de Enma Ai, y los fondo, sobre todo cuando los convoca Enma a un lugar que siempre esta el atardecer y el diseño de la entrada del infierno, final bueno queda como al principio, eso es por que hay una segunda y tercera temporada, las cuales yo no eh visto por el momento. Solo que es bastante repetitivo en todos los capítulos. Yo le doy a este anime un dos de cinco.




Personajes:


Enma Ai

La Chica Infernal, su deber es llevar las almas de los conedados por el contrato al infierno.









 Ichimoku Ren

Un chico muy alegre y jugueton, que es ayudante de Enma Ai, se trasforma en un muñeco de color azul.









Hone-Onna

Una hermosa mujer, vestida casi siempre con un kimono, también es un ayudante de Enma, ella se trasforma en un muñeco de color rojo.







Wanyudo

Es un anciano que también es ayudante, él se trasforma en una rueda en llama que trasporta a Enma Ai, el se trasforma en el muñeco negro que se les deja a las personas que quieren hacer el pacto.








Shibata Hajime

El es un periodista debido a los rumores que ha escuchado entre la gente sobre  la chica del infierno se interesa en contrar a Enma Ai, y aveces trata de disuadir a quienes la invoca pero, casi nunca lo logra.







Shibata Tsugumi

Es la hija de Hajime, después de un encuentro con Enma Ai, desarrolla una extraña conexión con ella, y logra saber quienes las invoca y acompaña a su padre en su misión de disuadir a las personas en cobrar venganza.




Lista de Capítulos:

  1. Más allá del crepúsculo
  2. La Chica poseída
  3. El montículo sucio
  4. Grito inaudible
  5. La chica de la alta torre
  6. Una ventana al atardecer
  7. Tras la mascara
  8. Relaciones silenciosas
  9. Una dulce trampa
  10. Amigas
  11. Corta la cuerda
  12. Los fragmentos caídos
  13. La chica del purgatorio
  14. Más allá del callejón sin salida
  15. La mujer de la isla
  16. La noche de los actores ambulantes
  17. Paisaje de cristal
  18. Chica obligada
  19. Novia muñeca
  20. La Chica del Infierno Vs El Chico del Infierno
  21. Buen vecino
  22. Lluvia de pena
  23. La luz del faro enfermo
  24. La casa del crepúsculo
  25. Jigoku Shojo (La chica infernal)
  26. Costura temporal


Música:


Opening - Sakasama no Chou [SNoW]


Ending - Karinui  [Mamiko Noto] 





miércoles, 19 de septiembre de 2012

Galería - Saint Seiya - Milo de Escorpión

Galería - Santo Dorado
Milo de Escorpión

Saint Seiya - Milo de Escorpión

Bueno en esta ocasión les traigo imágenes de Milo de escorpión. Yo me de claro mega fan de este personaje, fue con el primer personaje masculino con el que me traume (bien dije el primero pero no el ultimo) y no me avergüenza admitirlo, pese a todo lo que digan de el, y en mi locura junte varias imágenes y comparto con ustedes las que más me gustan espero que les guste tanto como a mí.



viernes, 14 de septiembre de 2012

Single Warriors - Yu-Gi-Oh! Duel Monsters


Yu-Gi-Oh! Duel Monsters OP 4 & ED 4
 WARRIORS CD Single





Hola a todos en esta ocasión quiero compartir con ustedes es single de Yu-Gi-Oh! Duel Monsters que incluye a el cuarto opening y ending de la serie, esta la única serie que me gusta de Yu-Gi-Oh! y espero que les guste ya que batalle para poder encontrarlo.

Lista de Canciones:

  1. WARRIORS
  2. Afureru Kanjou ga Tomaranai
  3. WARRIORS (Orijinaru Karaoke)
  4. Afurefu Kanjou Ga Tomaranai (Instrumental Version)






miércoles, 12 de septiembre de 2012

Libro - Armand, el Vampiro

Armand, el Vampiro
de
Anne Rice





Hola a todos nuevamente, bueno quiero compartir con ustedes este libro de Anne Rice, para serles sincera yo no eh tenido la oportunidad de leer este libro, pero como me lo pidieron decidi publicarlo aquí, este libro forma parte de las Crónicas Vampiricas:

  1. Entrevista con el Vampiro
  2. Lestat el Vampiro
  3. La Reina de los Condenados
  4. El ladrón de Cuerpos
  5. Memnoch, el Demonio
  6. Armand, el Vampiro
  7. Merrick
  8. Sangre y Oro
  9. El Santuario
  10. Cántico de Sangre


Sinopsis:

En voz baja y con la pesada carga de quinientos años de intensa existencia a sus espaldas, Armand, el vampiro ha decidido contar su verdad a un poderoso y antiguo compañero de las sombras, David Talbot. En un desvencijado templo de la húmeda y contemporánea Nueva Orleans, donde yace imperturbable y dormido el cuerpo de Lestat, Armand recorrerá los caminos de sus recuerdos, a modo de regalo para dos humanos a los que ama por encima de todas las cosas: la hermosa Sybelle y el pequeño Benji.
Sus más de cinco siglos de historia se remontan a una Constantinopla gobernada por los turcos, adonde arriba un hermoso y joven esclavo capturado en las regiones más agrestes de Rusia. En aquel lugar comienza su triste y oscuro periplo existencial, cuando él, un bello efebo, es sometido a las leyes de un destino inescrutable, siendo transportado y vendido en Venecia por los despiadados tártaros. En aquella bellísima ciudad levantada sobre las aguas, Armand es entregado a su creador: el rico y cultivado Marius de Romanus. Un vampiro magnífico y poderoso que hará olvidar al angelical muchacho su pasado humano. De la apasionada relación entre ambos, de la admiración del discípulo por el maestro y de la savia nueva que aporta el Renacimiento, nace y toma forma el amasijo de dudas que configuran la compleja personalidad de Armand. Un no muerto de corazón dolorido y plagado de inquietudes sobre la belleza de las formas y la existencia de Dios.








martes, 11 de septiembre de 2012

Partituras Violín - Rozen Maiden Traumend


Rozen Maiden Traumend 
Seishoujo Ryouiki (solo)






Hola a todos nuevamente ya tenia tiempo que no compartía con ustedes partituras, pero aquí estoy de regreso con las partituras de opening de la segunda temporada de Rozen Maiden, esta encantadora serie de muñecas magicas, el nombre de la canción es Seishoujo Ryouiki (El dominio de las chicas santas) interpretado por Ali Proyect, espero que les guste y aquí les dejo el video del opening para que lo vean como siempre y hasta la próxima.














martes, 4 de septiembre de 2012

Libro - El Alquimista

El Alquimista 
de
Paulo coelho






Hola gente del Internet hoy quiero compartir con ustedes un libro que yo considero que todo mundo debe leer una vez en su vida o al menos conocerlo, fue el primer libro que leí de este autor y debo decir que es mi favorito entre todos los que ha publicado y eh tenido la dicha de leer.

Sinopsis:

Santiago, un joven pastor, abandona un día su rebaño para ir en pos de una quimera. Cuando una persona desea realmente algo, el universo entero conspira para que pueda realizar su sueño.

"Cuando escribí El Alquimista intentaba comprender la razón de la existencia.  en lugar de hacer un tratado filosófico, decidí conversar con el niño que existía en mi alma.

Para mi sorpresa, esta niño vivía todavía en millones de personas en el mundo entero.  Con este libro quiero compartir con mis lectores las preguntas que, justamente por no tener respuesta, hacen de la vida una gran aventura".

Paulo Coelho




lunes, 3 de septiembre de 2012

EL CATO NEGRO de Edgar Allan Poe





No espero ni remotamente que se conceda el menor crédito a la extraña, aunque familiar historia que voy a relatar. Sería verdaderamente insensato esperarlo cuando mis mismos sentidos rechazan su propio testimonio. No obstante, yo no estoy loco, y ciertamente no sueño. Pero, por si muero mañana, quiero aliviar hoy mi alma. Me propongo presentar ante el mundo, clara, sucintamente y sin comentarios, una serie de sencillos sucesos domésticos. Por sus consecuencias, estos sucesos me han torturado, me han anonadado. Con todo, sólo trataré de aclararlos. A mí sólo horror me han causado, a muchas personas parecerán tal vez menos terribles que estrambóticos. Quizá más tarde surja una inteligencia que de a mi visión una forma regular y tangible; una inteligencia más serena, más lógica, y, sobre todo, menos excitable que la mía, que no encuentre en las circunstancias que relato con horror más que una sucesión de causas y de efectos naturales.

La docilidad y la humanidad fueron mis características durante mi niñez. Mi ternura de corazón era tan extremada, que atrajo sobre mí las burlas de mis camaradas. Sentía extraordinaria afición por los animales, y mis parientes me habían permitido poseer una gran variedad de ellos. Pasaba en su compañía casi todo el tiempo y jamás me sentía más feliz que cuando les daba de comer o acariciaba. Esta singularidad de mi carácter aumentó con los años, y cuando llegué a ser un hombre, vino a constituir uno de mis principales placeres. Para los que han profesado afecto a un perro fiel e inteligente, no es preciso que explique la naturaleza o la intensidad de goces que esto puede proporcionar. Hay en el desinteresado amor de un animal, en su abnegación, algo que va derecho al corazón del que ha tenido frecuentes ocasiones de experimentar su humilde amistad, su fidelidad sin límites. Me casé joven, y tuve la suerte de encontrar en mi esposa una disposición semejante a la mía. Observando mi inclinación hacia los animales domésticos, no perdonó ocasión alguna de proporcionarme los de las especies más agradables. Teníamos pájaros, un pez dorado, un perro hermosísimo, conejitos, un pequeño mono y un gato. Este último animal era tan robusto como hermoso, completamente negro y de una sagacidad maravillosa. Respecto a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era bastante supersticiosa, hacía frecuentes alusiones a la antigua creencia popular, que veía brujas disfrazadas en todos los gatos negros. Esto no quiere decir que ella tomase esta preocupación muy en serio, y si lo menciono, es sencillamente porque me viene a la memoria en este momento. Plutón, este era el nombre del gato, era mi favorito, mi camarada. Yo le daba de comer y él me seguía por la casa adondequiera que iba. Esto me tenía tan sin cuidado, que llegué a permitirle que me acompañase por las calles.

Nuestra amistad subsistió así muchos años, durante los cuales mi carácter, por obra del demonio de la intemperancia, aunque me avergüence de confesarlo, sufrió una alteración radical. Me hice de día en día más taciturno, más irritable, más indiferente a los sentimientos ajenos. Llegué a emplear un lenguaje brutal con mi mujer. Más tarde, hasta la injurié con violencias personales. Mis pobres favoritos, naturalmente, sufrieron también el cambio de mi carácter. No solamente los abandonaba, sino que llegué a maltratarlos. El afecto que a Plutón todavía conservaba me impedía pegarle, así como no me daba escrúpulo de maltratar a los conejos, al mono y aun al perro, cuando por acaso o por cariño se atravesaban en mi camino. Mi enfermedad me invadía cada vez más, pues ¿qué enfermedad es comparable al alcohol?, y, con el tiempo, hasta el mismo Plutón, que mientras tanto envejecía y naturalmente se iba haciendo un poco desapacible, empezó a sufrir las consecuencias de mi mal
humor.

Una noche que entré en casa completamente borracho, me pareció que el gato evitaba mi vista. Lo agarré, pero, espantado de mi violencia, me hizo en una mano con sus dientes una herida muy leve. Mi alma pareció que abandonaba mi cuerpo, y una rabia más que diabólica, saturada de ginebra, penetró en cada fibra de mí ser. Saqué del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí, agarré al pobre animal por la garganta y deliberadamente le hice saltar un ojo de su órbita. Me avergüenzo, me consumo, me estremezco al escribir esta abominable atrocidad.

Por la mañana, al recuperar la razón, cuando se hubieron disipado los vapores de mi crápula nocturna, experimenté una sensación mitad horror mitad remordimiento, por el crimen que había cometido; pero fue sólo un débil e inestable pensamiento, y el alma no sufrió las heridas.

Persistí en mis excesos, y bien pronto ahogué en vino todo recuerdo de mi criminal acción.

El gato sanó lentamente. La órbita del ojo perdido presentaba, en verdad, un aspecto horroroso, pero en adelante no pareció sufrir. Iba y venía por la casa, según su costumbre; pero huía de mí con indecible horror.

Aún me quedaba lo bastante de mi benevolencia anterior para sentirme afligido por esta antipatía evidente de parte de un ser que tanto me había amado. Pero a este sentimiento bien pronto sucedió la irritación. Y entonces desarrollose en mí, para mi postrera e irrevocable caída, el espíritu de la perversidad, del que la filosofía no hace mención. Con todo, tan seguro como existe mi alma, yo creo que la perversidad es uno de los primitivos impulsos del corazón humano; una de las facultades o sentimientos elementales que dirigen al carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido cien veces cometiendo una acción sucia o vil, por la sola razón de saber que no la debía cometer? ¿No tenemos una perpetua inclinación, no obstante la excelencia de nuestro juicio, a violar lo que es ley, sencillamente porque comprendemos que es ley? Este espíritu de perversidad, repito, causó mi ruina completa. El deseo ardiente, insondable del alma de atormentarse a sí misma, de violentar su propia naturaleza, de hacer el mal por amor al mal, me impulsaba a continuar el Suplicio a que había condenado al inofensivo animal. Una mañana, a completa sangre fría, le puse un nudo corredizo alrededor del cuello y lo colgué de una rama de un árbol; lo ahorqué con los ojos arrasados en lágrimas, experimentando el más amargo remordimiento en el corazón; lo ahorqué porque me constaba que me había amado y porque sentía que no me hubiese dado ningún motivo de cólera; lo ahorqué porque sabía que haciéndolo así cometía un pecado, un pecado mortal que comprometía mi alma inmortal, al punto de colocarla, si tal cosa es posible, fuera de la misericordia infinita del Dios misericordioso y terrible.

En la noche que siguió al día en que fue ejecutada esta cruel acción, fui despertado a los gritos de «¡fuego!» Las cortinas de mi lecho estaban convertidas en llamas. Toda la casa estaba ardiendo. Con gran dificultad escapamos del incendio mi mujer, un criado y yo. La destrucción fue completa. Se aniquiló toda mi fortuna, y entonces me entregué a la desesperación.

No trato de establecer una relación de la causa con el efecto, entre la atrocidad y el desastre: estoy muy por encima de esta debilidad. Sólo doy cuenta de una cadena de hechos, y no quiero que falte ningún eslabón. El día siguiente al incendio visité las ruinas. Los muros se habían desplomado, exceptuando uno solo, y esta única excepción fue un tabique interior poco sólido, situado casi en la mitad de la casa, y contra el cual se apoyaba la cabecera de mi lecho. Dicha pared había escapado en gran parte a la acción del fuego, cosa que yo atribuí a que había sido recientemente renovada. En torno de este muro agrupábase una multitud de gente y muchas personas parecían examinar algo muy particular con minuciosa y viva atención. Las palabras «¡extraño!» «¡singular!» y otras expresiones semejantes excitaron mi curiosidad. Me aproximé y vi, a manera de un bajo relieve esculpido sobre la blanca superficie, la figura de un gato gigantesco. La imagen estaba estampada con una exactitud verdaderamente maravillosa.

Había una cuerda alrededor del cuello del animal. Al momento de ver esta aparición, pues como a tal, en semejante circunstancia, no podía por menos de considerarla, mi asombro y mi temor fueron extraordinarios. Pero, al fin, la reflexión vino en mi ayuda. Recordé entonces que el gato había sido ahorcado en un jardín, contiguo a la casa. A los gritos de alarma, el jardín habría sido inmediatamente invadido por la multitud y el animal debió haber sido descolgado del árbol por alguno y arrojado en mi cuarto a través de una ventana abierta. Esto seguramente, había sido hecho con el fin de despertarme. La caída de los otros muros había aplastado a la víctima de mi crueldad en el yeso recientemente extendido; la cal de este muro, combinada con las llamas y el amoníaco desprendido del cadáver, habrían formado la imagen, tal como yo la veía. Merced a este artificio logré satisfacer muy pronto a mi razón, mas no pude hacerlo tan rápidamente con mi conciencia, por que el suceso sorprendente que acabo de relatar, grabóse en mi imaginación de una manera profunda. Hasta pasados muchos meses no pude desembarazarme del espectro del gato, y durante este período envolvió mi alma un semi sentimiento, muy semejante al remordimiento. Llegué hasta llorar la pérdida del animal y a buscar en torno mío, en los tugurios miserables, que tanto frecuentaba habitualmente, otro favorito de la misma especie y de una figura parecida que lo reemplazara.

Ocurrió que una noche que me hallaba sentado, medio aturdido, en unataberna más que infame, fue repentinamente solicitada mi atención hacia un objeto negro que reposaba en lo alto de uno de esos inmensos toneles de ginebra o ron que componían el principal ajuar de la sala. Hacía algunos momentos que miraba a lo alto de este tonel, y lo que me sorprendía era no haber notado más pronto el objeto colocado encima. Me aproximé, tocándolo con la mano.

Era un enorme gato, tan grande por lo menos como Plutón, e igual a él en todo, menos en una cosa. Plutón no tenía ni un pelo blanco en todo el cuerpo, mientras que éste tenía una salpicadura larga y blanca, de forma indecisa que le cubría casi toda la región del pecho.

No bien lo hube acariciado cuando se levantó súbitamente, prorrumpió en continuado ronquido, se frotó contra mi mano y pareció muy contento de mi atención. Era, pues, el verdadero animal que yo buscaba. Al momento propuse, al dueño de la taberna comprarlo, pero éste no se dio por entendido: yo no lo conocía ni lo había visto nunca antes de aquel momento. Continué acariciándolo y, cuando me preparaba a regresar a mi casa, el animal se mostró dispuesto a acompañarme. Le permití que lo hiciera, agachándome de vez en cuando para acariciarlo durante el camino.

Cuando estuvo en mi casa, se encontró como en la suya, e hízose en seguida gran amigo de mi mujer. Por mi parte, bien pronto sentí nacer antipatía contra él. Era casualmente lo contrario de lo que yo había esperado; no sé cómo ni por qué sucedió esto: su empalagosa ternura me disgustaba, fatigándome casi. Poco a poco, estos sentimientos de disgusto y fastidio convirtiéronse en odio.

Esquivaba su presencia; pero una especie de sensación de bochorno y el recuerdo de mi primer acto de crueldad me impidieron maltratarlo. Durante algunas semanas me abstuve de golpearlo con violencia; llegué a tomarle un indecible horror, y a huir silenciosamente de su odiosa presencia, como
de la peste.

Seguramente lo que aumentó mi odio contra el animal fue el descubrimiento que hice en la mañana siguiente de haberlo traído a casa: lo mismo que Plutón, él también había sido privado de uno de sus ojos.

Esta circunstancia hizo que mi mujer le tomase más cariño, pues, como ya he dicho, ella poseía en alto grado esta ternura de sentimientos que había sido mi rasgo característico y el manantial frecuente de mis más sencillos y puros placeres.

No obstante, el cariño del gato hacia mí parecía acrecentarse en razón directa de mi aversión contra él. Con implacable tenacidad, que no podrá explicarse el lector, seguía mis pasos. Cada vez que me sentaba, acurrucábase bajo mi silla o saltaba sobre mis rodillas, cubriéndome con sus repugnantes caricias.

Si me levantaba para andar, se metía entre mis piernas y casi me hacía caer al suelo, o bien introduciendo sus largas y afiladas garras en mis vestidos, trepaba hasta mi pecho.

En tales momentos, aunque hubiera deseado matarlo de un solo golpe, me contenía en parte por el recuerdo de mi primer crimen, pero principalmente debo confesarlo, por el terror que me causaba el animal.

Este terror no era de ningún modo el espanto que produce la perspectiva de un mal físico, pero me sería muy difícil denominarlo de otro modo. Lo confieso abochornado. Sí; aun en este lugar de criminales, casi me avergüenzo al afirmar que el miedo y el horror que me inspiraba el animal se habían aumentado por una de las mayores fantasías que es posible concebir.

Mi mujer habíame hecho notar más de una vez el carácter de la mancha blanca de que he hablado y en la que estribaba la única diferencia aparente entre el nuevo animal y el matado por mí. Seguramente recordará el lector que esta marca, aunque grande, estaba primitivamente indefinida en su forma, pero lentamente, por grados imperceptibles, que mi razón se esforzó largo tiempo en considerar como imaginarios, había llegado a adquirir una rigurosa precisión en sus contornos. Presentaba la forma de un objeto que me estremezco sólo al nombrarlo: y esto era lo que sobre todo me hacía mirar al monstruo con horror y repugnancia, y me habría impulsado a librarme de él, ni me hubiera atrevido: la imagen de una cosa horrible y siniestra, la imagen de la horca. ¡Oh lúgubre y terrible aparato, instrumento del horror y del crimen, de la agonía y de la muerte! Y heme aquí convertido en un miserable, más allá de la miseria de la humanidad. Un animal inmundo, cuyo hermano yo había con desprecio destruido, una bestia bruta creando para mí -para mí, hombre formado a imagen del Altísimo-, un tan grande e intolerable infortunio. ¡Desde entonces no volví a disfrutar de reposo, ni de día ni de noche! Durante el día el animal no me dejaba ni un momento, y por la noche, a cada instante, cuando despertaba de mi sueño, lleno de angustia inexplicable, sentía el tibio aliento de la alimaña sobre mi rostro, y su enorme peso, encarnación de una pesadilla que no podía sacudir, posado eternamente sobre mi corazón.

Tales tormentos influyeron lo bastante para que lo poco de bueno que quedaba en mí desapareciera. Vinieron a ser mis íntimas preocupaciones los más sombríos y malvados pensamientos. La tristeza de mi carácter habitual se acrecentó hasta odiar todas las cosas y a toda la humanidad; y, no obstante, mi mujer no se quejaba nunca, ¡ay! ella era de ordinario el blanco de mis iras, la más paciente víctima de mis repentinas, frecuentes e indomables explosiones de una cólera a la cual me abandonaba ciegamente.

Ocurrió, que un día que me acompañaba, para un quehacer doméstico, al sótano del viejo edificio donde nuestra pobreza nos obligaba a habitar, el gato me seguía por la pendiente escalera, y, en ese momento, me exasperó hasta la demencia. Enarbolé el hacha, y, olvidando en mi furor el temor pueril que hasta entonces contuviera mi mano, asesté al animal un golpe que habría sido mortal si le hubiese alcanzado como deseaba; pero el golpe fue evitado por la mano de mi mujer. Su intervención me produjo una rabia más que diabólica; desembaracé mi brazo del obstáculo y le hundí el hacha en el cráneo. Y sucumbió instantáneamente, sin exhalar un solo gemido mi desdichada mujer.

Consumado este horrible asesinato, traté de esconder el cuerpo.

Juzgué que no podía hacerlo desaparecer de la casa, ni de día ni de noche, sin correr el riesgo de ser observado por los vecinos. Numerosos proyectos cruzaron por mi mente. Pensé primero en dividir el cadáver en pequeños trozos y destruirlos por medio del fuego. Discurrí luego cavar una fosa en el suelo del sótano. Pensé más tarde arrojarlo al pozo del patio: después meterlo en un cajón, como mercancía, en la forma acostumbrada, y encargar a un mandadero que lo llevase fuera de la casa. Finalmente, me detuve ante una idea que consideré la mejor de todas.

Resolví emparedarlo en el sótano, como se dice que los monjes de la Edad Media emparedaban a sus víctimas. En efecto, el sótano parecía muy adecuado para semejante operación. Los muros estaban construidos muy a la ligera, y recientemente habían sido cubiertos, en toda su extensión de una capa de mezcla, que la humedad había impedido que se endureciese.

Por otra parte, en una de las paredes había un hueco, que era una falsa chimenea, o especie de hogar, que había sido enjabegado como el resto del sótano. Supuse que me sería fácil quitar los ladrillos de este sitio, introducir el cuerpo y colocarlos de nuevo de manera que ningún ojo humano pudiera sospechar lo que allí se ocultaba. No salió fallido mi cálculo. Con ayuda de una palanqueta, quité con bastante facilidad los ladrillos, y habiendo colocado cuidadosamente el cuerpo contra el muro interior, lo sostuve en esta posición hasta que hube reconstituido, sin gran trabajo toda la obra de fábrica. Habiendo adquirido cal y arena con todas las precauciones imaginables, preparé un revoque que no se diferenciaba del antiguo y cubrí con él escrupulosamente el nuevo tabique. El muro no presentaba la más ligera señal de renovación.

Hice desaparecer los escombros con el más prolijo esmero y expurgué el suelo, por decirlo así. Miré triunfalmente en torno mío, y me dije: «Aquí, a lo menos, mi trabajo no ha sido perdido».

Lo primero que acudió a mi pensamiento fue buscar al gato, causa de tan gran desgracia, pues, al fin, había resuelto darle muerte. De haberle encontrado en aquel momento, su destino estaba decidido; pero, alarmado el sagaz animal por la violencia de mi reciente acción, no osaba presentarse ante mí en mi actual estado de ánimo.

Sería tarea imposible describir o imaginar la profunda, la feliz sensación de consuelo que la ausencia del detestable animal produjo en mi corazón. No apareció en toda la noche, y por primera vez desde su entrada en mi casa, logré dormir con un sueño profundo y sosegado: sí, dormí, como un patriarca, no obstante tener el peso del crimen sobre el alma.

Transcurrieron el segundo y el tercer día, sin que volviera mi verdugo. De nuevo respiré como hombre libre. El monstruo en su terror, había abandonado para siempre aquellos lugares. Me parecía que no lo volvería a ver. Mi dicha era inmensa. El remordimiento de mi tenebrosa acción no me inquietaba mucho. Instruyose una especie de sumaria que fue sobreseída al instante. La indagación practicada no dio el menor resultado. Habían pasado cuatro días después del asesinato, cuando una porción de agentes de policía se presentaron inopinadamente en casa, y se procedió de nuevo a una prolija investigación. Como tenía plena confianza en la impermeabilidad del escondrijo, no experimenté zozobra. Los funcionarios me obligaron a acompañarlos en el registro, que fue minucioso en extremo. Por último, y por tercera o cuarta vez, descendieron al sótano. Mi corazón latía regularmente, como el de un hombre que confía en su inocencia. Recorrí de uno a otro extremo el sótano, crucé mis brazos sobre mi pecho y me paseé afectando tranquilidad de un lado para otro.

La justicia estaba plenamente satisfecha, y se preparaba a marchar. Era tanta la alegría de mi corazón, que no podía contenerla. Me abrasaba el deseo de decir algo, aunque no fuese más que una palabra en señal de triunfo, y hacer indubitable la convicción acerca de mi inocencia.

-Señores -dije, al fin, cuando la gente subía la escalera-, estoy satisfecho de haber desvanecido vuestras sospechas. Deseo a todos buena salud y un poco más de cortesía. Y de paso caballeros, vean aquí una casa singularmente bien construida (en mi ardiente deseo de decir alguna cosa, apenas sabía lo que hablaba). Yo puedo asegurar que ésta es una casa admirablemente hecha. Esos muros... ¿Van ustedes a marcharse, señores? Estas paredes están fabricadas sólidamente.

Y entonces, con una audacia frenética, golpeé fuertemente con el bastón que tenía en la mano precisamente sobre la pared de tabique detrás del cual estaba el cadáver de la esposa de mi corazón.

¡Ah! que al menos Dios me proteja y me libre de las garras del demonio. No se había extinguido aún el eco de mis golpes, cuando una voz surgió del fondo de la tumba: un quejido primero, débil y entrecortado como el sollozo de un niño, y que aumentó después de intensidad hasta convertirse en un grito prolongado, sonoro y continuo, anormal y antihumano, un aullido, un alarido a la vez de espanto y de triunfo, como solamente puede salir del infierno, como horrible armonía que brotase a la vez de las gargantas de los condenados en sus torturas y de los demonios regocijándose en sus padecimientos.

Relatar mi estupor sería Insensato. Sentí agotarse mis fuerzas, y caí tambaleándome contra la pared opuesta. Durante un instante, los agentes, que estaban ya en la escalera, quedaron paralizados por el terror. Un momento después, una docena de brazos vigorosos caían demoledores sobre el muro, que vino a tierra en seguida.

El cadáver, ya bastante descompuesto y cubierto de sangre cuajada, apareció rígido ante la vista de los espectadores. Encima de su cabeza, con las rojas fauces dilatadas y el ojo único despidiendo fuego, estaba subida la abominable bestia, cuya malicia me había inducido al asesinato, y cuya voz acusadora me había entregado al verdugo...

Al tiempo mismo de esconder a mi desgraciada víctima, había emparedado al monstruo.



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